Hoy está de visita mi tía Eva, de Michoacán, que viene a tratamiento al Hospital Civil de Guadalajara.
Platicando un rato con ella, me contó que mi tío Félix se la robó, como era costumbre en aquellos tiempos, para después casarse con ella. Mi tío Félix era, por decirlo así, muy huraño y no le gustaba andar en la bola, ni en los mitotes, ni en las fiestas. Tenía la idea muy clara de no dar de qué hablar a la gente, que es el pan de cada día en los ranchos. Y decidió casarse sin que el pueblo se enterara. Se puso de acuerdo con el padre, el cual accedió, para casarlos a determinada hora.
Llegó la una de la madrugada, estaba el novio con su clásico pantalón de pechera (nada de smoking, frac o esas cursilerías, al fin era un rancho), mi tía no me dijo si traía vestido de novia y yo no le pregunté. No hubo campanadas que avisaran de la celebración, estuvieron los padrinos y testigos. Algunas de mis tías, por parte de mi mamá, presenciaron la boda y todos felices.
Al día siguiente fueron al templo en la mañana, las mujeres que lavaban la ropa en la laguna se asomaban sobre la cerca de piedra que rodea los lavaderos para ver si se realizaría la boda, para ver cómo iría vestido mi tío Félix y cómo iría vestida mi tía Eva. Para sorpresa de todos al llegar al templo pudieron observar el confeti esparcido por el suelo, mudo testigo de que hubo una boda que muy pocos habían presenciado.
Y así fue que mi tía y mi tío tuvieron una boda “Nunca antes vista” (ni después).
Mi tío Félix ya murió, solo queda mi tía Eva que tiene algunos años a cuesta, la veo y sigue siendo una mujer jovial, de inteligencia clara y diálogo agradable. Ella es la que le hace compañía a mi abuela que de vez en cuando se deprime. Se que mi tía no encaja en la ciudad, con tanto ruido, con gente vacía, con egoísmo. Sólo me queda pedirle a Dios que la conserve y le ayude. Mi tía no tuvo hijos, el que alguna vez engendró no se le logró. Me contó que su vida fue feliz con mi tío. Que nunca la trató mal y que siempre anduvieron juntos para trabajar, para cuidar a los animales, para sufrir las enfermedades y para acompañarse durante la vida.
Hay mucho que contar… Pero creo que con eso basta por el día de hoy.
